Una vida Dedicada al Karate
  A Mi SENSEI
 

A MI SENSEI

 

Fuiste mi Maestro y guía, pero también mi amigo, porque me brindaste tu amistad.

Compartimos juntos largas horas de entrenamiento, cansancio y sudor; pero también inolvidables veladas de amena conversación y alegría, porque sabias sonreír y festejar nuestras ocurrencias. Nos entendíamos en un lenguaje hibrido, poco de castellano, poco de inglés y poquito de japonés; pero nuestro verdadero lenguaje era el karate, entonces ¿cómo no entendernos?

Te recuerdo bebiendo un vaso de refrescante cerveza y con tu infaltable cigarrillo en la otra mano, dejando por momentos volar tu imaginación a través del océano, quizá añorando tu país y tu familia. El “campai sensei” te devolvía a la mesa y el choque del cristal de nuestros vasos enlazaba aún más nuestra amistad.

Jamás te vi enojado, ni escuche grosería alguna de tus labios. Siempre estabas dispuesto a dar un consejo, a corregir un defecto o a demostrar cómo se hacía una técnica.

Nadie como tu, impactó en mi, la pureza en la ejecución de una técnica; admiraba la belleza del kata que hicieras, siempre buscabas la perfección. Cómo olvidar tu Empi, tu gyaku zuki en la makiwara o tu impecable mawashi en la bolsa.

Cuántas anécdotas, cuántas demostraciones en diferentes sitios, cuántos viajes al extranjero representando al Perú y cuántos trofeos y medallas; dejando nuestro karate en el primer lugar a nivel Panamericano.

En ti se manifestaba a plenitud la palabra: SENSEI, porque eras ejemplo de equilibrio, ejemplo de esfuerzo, poco te importaba la recompensa económica. No hablabas mucho pero decías bastante.

Leíamos en tu vida diaria el Dojo Kun. La disciplina, la etiqueta, el karate Do, se dejaban  traslucir con tu sola presencia, en el ¡Os! acompañado de una genuflexión, en la agudeza de tu mirada…

¿Sabes que mi primer Tokaido me lo obsequiaste tu? Mi uniforme era viejo y hecho en Arequipa. Pero aquel día tenía que dar mi examen para tercer Dan, llegó el Sensei Nishiyama, y tú por la mañana me sorprendiste obsequiándome tu uniforme nuevo. Fue mi primer Tokaido. Yo aprobé el tercer Dan a las 12 de la noche en el Centro Peruano Japonés y sin que sepas te obsequie mi esfuerzo, te obsequie mi Dan.

Ahora tengo muchos años encima y he logrado títulos importantes en el karate y en mi vida privada. He sembrado la semilla que tú me regalaste en miles de jóvenes y estoy viendo florecer esos frutos. Pero sabes una cosa SENSEI, te necesito como antes. Quiero que sepas que te quiero de verdad y que nunca te olvidare, hasta que en el Dojo hecho de luz, frente a ÉL realice mi último kata.

 

OS SENSEI KAWAUCHI

 
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